Acuarela en Costa Rica

Acuarela en Costa Rica

Asociación Costarricense de Acuarelistas

2011


Una tarde de estas hice un espacio de la agenda para ordenar ideas y expresar en el breve rincón de esta apertura algo de lo mucho que nos ha sido posible hacer en una década de trabajo. Emprendo el pendiente y arribo a lo que siempre sentí; es más fácil pintar que escribir; o al menos lo es para los acuarelistas.

 

La realidad nos engendra una idea y la llevamos dentro hasta el parto, ese breve ritual cuando somos uno con el agua, cunado soltamos lo que sentimos de un trazo y lo dejamos volar libremente.

 

Existe apenas espacio entre el pincel y la blanca piel en que sembramos vida. Muchas veces el ojo se nos hace poca herramienta para observar los colores que se deslizan entre los algodones y buscan refugios, encarnan formas, fondos, transparencias. Entonces el papel se torna espejo y nos reconocemos. Es como si fuera posible vaciar el alma. El mensaje llega a ser tal cual lo sentimos, chorreado así, de un cuajo. Los matices son nuestros, son esas heridas que nos carcomen y nos hacen expresar con transparencia aquello que los púbicos reciben placenteros.

 

Una década parece un instante cuando volvemos a ver el reloj que la marca pero ha sido nuestro tiempo, un trozo de realidad que sumamos a la historia del país a través de una técnica compartida, una forma de pintar que acompaña el desarrollo de la historia del país, narrada desde una génesis de portones rojos de los cuales hemos obtenido lecciones y caminos, siembras y cosechas, las mismas que mostramos con orgullo diez años después.

 

Surge entonces la palabra gracias, como expresión de lo que ahora sentimos por ese acompañamiento recibido, por los trazos comunes, las reflexiones, los quehaceres, las metas. Si tuviésemos de repente que pintarla quizás lo haríamos con el azul que igualmente lleva el sentir de lo profundo y lo misterioso porque esa es la imagen que nos apetece usar ahora que sentimos el gozo de la comunidad, de la unidad común, esa que hemos configurado en diez años de quehaceres.

 

Desde el escritorio miro los pinceles. Están listos para nuevas zancadas. Son juguetones dispuestos a la rayuela. Son juglares y necesitan soltar las leyendas que llevan dentro. Déjanos entonces hacerlo, que esta comunidad de acuarelistas apenas empieza su andanza.

Herberth Bolaños

Presidente A. C. A.


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